La psicoterapia es un espacio compartido por el terapeuta y los clientes que ha de ser seguro y privado, ha de ser un espacio protegido de las agresiones y presiones psicológicas y de todo tipo que acechan al cliente en su contexto habitual. Un espacio en el que el tiempo y el espacio sean flexibles y moldeables, para conectar el pasado con el presente y con el futuro, para conectar las historias con la fantasía y las ilusiones.
Lo he leído en el prólogo de Valentín Escudero del libro “Las competencias psicoterapéuticas”. Define muy bien cómo entiendo el espacio terapéutico. Hay quien lo ve más bien como una especie de «lugar de entrenamiento en habilidades», yo lo vivo como un territorio seguro para la exploración.
Mi trabajo no es clínico, es decir, no entro en diagnosticar ni tratar a personas con trastornos mentales. En español nos falta definir un poco mejor este tipo de trabajo, yo con el tiempo le he encontrado sentido a llamarlo acompañamiento psicológico.
Me explico con un ejemplo: Si te han detectado problemas hormonales que están afectando a tu calidad de vida, vas al endocrino, que te ayudará, entre otras cosas, a perder peso. En cambio si sientes que necesitas hacer cambios para mejorar tu calidad de vida, puede que acudas a un nutricionista y/o a un entrenador/a para mejorar tus hábitos. Pues ahí me ubico yo como profesional y ese tipo de personas son las que puedo y quiero ayudar. Gente que quiere hacer cambios para sentirse mejor y no para combatir una enfermedad mental.
Algunas expresiones que usan mis consultantes cuando se refieren a sus procesos:
- Estoy encontrando mi centro.
- Voy escuchando mi voz interna.
- Voy ensanchando mi espacio.
Si te fijas, la idea se parece. Mirarse a una/o misma/o y reformular las prioridades desde dentro.
Esta metáfora surgió un día en consulta y me encantó:
Imagínate que vas a hacer una mudanza. Es demasiado para ti, así que pides ayuda. Vienen un par de amigos y algunas personas de tu familia. Vas empaquetando como puedes y a cada cual le das cosas para que vayan bajándolas al furgón.
Hay cajas que prefieres bajar tú, porque son delicadas, porque son muy íntimas… Otras te da más igual que las baje quien sea.
Pues, en ocasiones, por falta de manos, o porque tienes que sacar un piano de cola por el balcón, necesitas ayuda profesional.
Algunas personas prefieren que sus ralladas personales no salpiquen a sus seres queridos, otras directamente no tienen en quien confiar.
A veces, por más que hablemos de ello con personas de confianza, no conseguimos aclararnos o encontrar soluciones y entramos en bucle.
En esos casos tiene sentido acudir a un profesional que nos ayude a aflojar el nudo.
Cuando conseguimos crear ese espacio seguro, ese vínculo que da seguridad para explorar, para arriesgar, para caerse y levantarse… entonces habremos creado algo poderosísimo. Un oasis íntimo al que volver cuando la vida se haga bola.
Muchas de mis consultantes me escriben después de un tiempo para contarme cómo les va. Dicen que se acuerdan de esto o de lo otro que hablamos, que lo han tenido presente. Y algunas vuelven por temporadas, a resolver algo puntual o a hacerse una puesta a punto emocional.
De otras no volví a saber nada. Quizás no ha habido más “mudanzas”, o han ido encontrando en su entorno el apoyo que iban necesitando.
Esto es lo que yo te ofrezco: un espacio protegido de las agresiones y presiones psicológicas. donde volver a encontrar tu voz, tu ilusión.
Algunas cuestiones prácticas que te interesará saber
- El primer contacto siempre es por email. Te invito a contarme lo que te apetezca sobre lo que te ha decantado por pedir ayuda en este momento y por qué a mí.
- Buscamos un hueco para una primera sesión en función de nuestra disponibilidad. Suelo tener flexibilidad de horarios, pero salvo casos muy muy puntuales, no trabajo los fines de semana ni después de las 21h.
- Es importante que ambas partes valoremos si vamos a encajar. Esto es un trabajo de equipo, si no fluimos mal asunto.
- Puede haber algunas razones por las que prefiera no trabajar con alguien:
- La principal razón podría ser que detecte algún trastorno clínico y recomiende acudir a otro tipo de profesional. En ese caso podría ayudarte a encontrar a alguien porque tengo una red muy extensa de contactos que se dedican a eso.
- La otra es que haya alguna cuestión ética que me dificulte entrar en algún terreno, por ejemplo agresiones o negligencias hacia otras personas. No soy quién para juzgar, entiendo que con más razón necesitarás ayuda, pero si hiere mi sensibilidad no seré capaz de hacer un buen trabajo y hay otras profesionales mucho más preparadas para eso.
- Te pasaré un enlace de Zoom que será siempre el mismo y lo usaré solamente para hablar contigo.
- Las sesiones tienen una duración de una hora, aunque esto puede variar en ocasiones. Mi recomendación es que dejes un margen en la agenda para no tener que salir corriendo a ningún sitio y preferiblemente que nadie te esté esperando, así evitamos terminar con ansiedad.
- Siempre recomiendo encarecidamente que la persona se encuentre sola en su domicilio o en el lugar seguro que elija para hacer la sesión. En el caso de que sea imposible, que se asegure de que quien esté cerca sepa que está en sesión y no nos interrumpa.
- En cuanto a lo económico, las sesiones tienen un coste de 60€ que se pagan a través de transferencia bancaria. En el concepto pones tu nombre y la fecha de la sesión y con eso me organizo, es decir, no hace falta que me envíes justificante de pago. Nos ahorramos ese trámite, ya que es innecesario porque en el banco está todo registrado.
-
El primer día podremos resolver cualquier duda que te surja y si quieres te cuento más sobre mi enfoque de trabajo.